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Constelaciones

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¿Te ha sucedido que la rabia o el dolor te inundan al sentirte engañado?

Hace unos días me encontré muy molesta por una transacción en un negocio que hice. La fachada mostraba una cosa, pero lo que había detrás no compensaba lo que proponía. Me sentí molesta conmigo misma por no haberlo visto antes, por confiada. La niña en mi se sintió engañada y con rabia.

He pasado por muchas experiencias que me han causado malestar o en palabras sinceras, rabia, relacionadas a la traición. Los dedos de las manos y de los pies no me alcanzan para contar las experiencias vividas y sabidas de engaño con mi pareja, con “amigos” o con la misma familia. La traición ha estado pulsante y latente en mi vida con mis relaciones y con mis negocios. Con ella vienen sus aliados: la mentira, el robo, y la deshonestidad.

 

Cuando el cuerpo habla, es mejor escuchar. Cada vez que me expongo a situaciones que podría decirse son arriesgadas, mi sistema nervioso se activa y entra en alarma. Es como un mecanismo de protección o de sobrevivencia.  Es un miedo que se siente y que no se sabe de donde viene. Mas hoy lo puedo definir claramente, siento miedo a confiar de nuevo. De algún modo es una cautela para dar pasos ya que si confío me puede hacer daño de nuevo y no quiero volver a sentir la rabia o el dolor que me causa.

¿Como evitar ese miedo?

 

Hace poco me vi una serie llamada Versalles sobre la historia de Luis XIV, llamado el rey sol de Francia. Fue sorprendente ver como todo allí giraba en torno a la traición. Políticamente se casaban por alianza por lo cual la reina era entrenada para ser un objeto de transacción y para tener hijos. Al aceptar estas tradiciones se aceptaba traicionarse a sí mismo. Aunque en aquel entonces ella tenía menos opciones para escoger que él.  Él se solucionaba sosteniendo relaciones con varias mujeres en la corte donde tenía una favorita que era también aceptada y tenía un puesto. Así que se podría decir que la traición era aceptada socialmente.

Existían otras intrigas internas donde entre los mismos miembros de la corte se traicionaban unos a otros, se envenenaban, se mataban, se mentían, o se robaban. La traición entonces se convertía en una cuestión de sobrevivencia. ¿Quién podría dormir en paz viviendo bajo esa presión?

Es interesante ver que los pagos de la traición al rey eran la muerte, pero el rey traicionaba por igual a su reina y haciendo tratos engañosos con otros países para su beneficio como comerciante o conquistador.  Sus intereses parece que eran más grandes que su consciencia. ¿Si la cabeza de la casa operaba así que podría esperarse de los demás?

 

 

La memoria de la traición ha sido y aun esta latente y pulsante en la vida. Ha sido parte de nuestra historia de la humanidad, incluso aprobada socialmente como lo muestra la historia de Luis. Y así ocurrió con otros reyes, emperadores y gobernantes. Las guerras de poder llevaban sus estrategias. Entre ellas la de la traición y esto sucede desde principios de la historia.

¿Como cambiar el rumbo y las consecuencias de la traición?

 

La traición es una moneda con dos caras. Por un lado, juegas a que tú traicionas o por el otro a que te traicionan a ti. Cuando aceptas el juego, la moneda sabe cuál de los dos lados te corresponde.  ¿No quieres seguir jugando ese juego? Entonces no tires la moneda al aire. Porque cuando lo haces sin reconocer que es una memoria pulsante en ti entonces aceptas el juego de la traición aun sin querer jugarlo. Esto ocurre a nivel inconsciente.

La traición actúa como una memoria ancestral inconscientemente dentro de nosotros. El primer paso para cambiar su expansión es reconociendo que habita en cada uno de nosotros. Aceptar que en nuestra memoria celular pulsa y que solo depende de cada uno engancharnos en ella o no. Negarla en nosotros es una mentira. Negarla es atraerla pues quiere mostrarse, que la veamos y la reconozcamos.

Nos traicionamos todo el tiempo. Si no lo hacemos afuera lo hacemos adentro. Traicionamos nuestros sentimientos, sueños, deseos o nuestra felicidad por falta de reconocimiento. ¡Si! Pareciera que fuese una traición el ser feliz. Si nuestro clan no pudo ser feliz, por lealtad al mismo repetimos los mismos patrones. La traición al clan es una memoria muy fuerte en nosotros. Inconscientemente al sentirnos felices creamos un sabotaje para volver a lo mismo y continuar así el mismo patrón.

 

Es necesario liberar esas raíces que nos unen a la traición. No es rechazándola o negándola como la cambiamos. Es integrándola. Reconociendo que la hemos hecho y que nos la han hecho y reconociendo que al estar latente en nosotros nos da la oportunidad de meditar antes de tomar el siguiente paso en nuestras acciones.

Si vas a hacer una transacción con alguien, mírate y medita. ¿Es justa en su medida esta transacción? ¿Es favorable para las personas envueltas o solo para tu interés personal? Cuando algo no compensa un orden natural y orgánico tu corazón lo sabe. Cuidado con mentirte. Te traicionas a ti mismo y cuando lo haces tiras la moneda al aire y aunque pareciera que ganas, en realidad te estas sentando en la silla del otro pues en el siguiente turno de tirar la moneda tal vez te corresponda jugar en la silla de la víctima. Y así saltamos de una silla a la otra creando continuidad no solo en nuestra historia personal sino en nuestro sistema familiar, en la sociedad y en la humanidad. Nos unen lazos invisibles que nos hacen una sola familia. ¿A quién engañas?

 

En conclusión, la traición solo es una energía. No es mala ni buena. Solo es. La elección de tomarla y sus consecuencias solo dependen de ti.  Antes de tomar cualquier acción siempre pregúntate, ¿lo que voy a hacer o decir es justo para quien quiere confiar en mí? Cuando una transacción no es justa para todas las partes envueltas se crea un engaño, una traición que al final siempre te hace daño a ti mismo.

Mejor guarda la moneda de las dos caras y camina libre con tu conciencia.  

 

 

¿Qué es una constelación familiar?

Las constelaciones familiares son una terapia orientada a la solución de los conflictos de una persona que están conectados a su sistema familiar y que lo limitan en sus posibilidades de acción y desarrollo personal.

 

Estamos conectados con las memorias del pasado. Cuando se crea una memoria de conflicto queda impresa en nuestra memoria celular pero también en un campo mórfico. Nuestros antepasados no lograron resolver sus conflictos por lo cual esas memorias siguen pulsando en nuestro código genético y pasan de generación en generación hasta que alguien las logra resolver. Este campo mórfico es atemporal, no tiene tiempo ni espacio por lo cual está latente hasta solucionarlo. Los miembros del clan entran en resonancia con el campo de su familia y de sus memorias. Es por eso se repiten historias inconscientes de dolor, sufrimiento y enfermedad.   

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